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Glaucoma


El glaucoma es una enfermedad del nervio óptico que está asociado en la gran mayoría de los casos a un aumento de la presión intraocular.

El nervio óptico lleva la información visual al cerebro, por lo tanto el daño de sus fibras puede disminuir el campo visual y si no se da tratamiento puede terminar en ceguera. De hecho se considera una de las principales causas de ceguera en el mundo.

El aumento de la presión del ojo se debe a una falla en el sistema de filtración del líquido interno o humor acuoso, y es el factor de riesgo más importante para padecer glaucoma. Otros factores de riesgo importantes son la edad avanzada, la miopía, el antecedente familiar de glaucoma y uso de gotas que contengan cortisona. Existen diferentes tipos de glaucoma, pero de forma general los podemos clasificar de dos formas: primarios o secundarios, y de ángulo abierto o ángulo cerrado. Se le denomina primarios cuando no hay ninguna otra enfermedad ocular o condición que esté causando el aumento de la presión ocular; y de ángulo abierto cuando el sitio por donde se filtra el humor acuoso está abierto.

El glaucoma primario de ángulo abierto es el más frecuente; es una enfermedad que en general no produce síntomas o molestias, hasta fases avanzadas cuando se afecta la visión central y disminuye la visión. Se ha reportado que el 50% de las personas con glaucoma no lo sabe, y la detección sólo se puede realizar con la evaluación del fondo de ojo.

El glaucoma de ángulo cerrado es poco frecuente pero mucho más agresivo. Esta entidad sí puede provocar síntomas, como puede ser un ataque de dolor ocular muy intenso, irritación y disminución de la visión por un aumento súbito de la presión ocular. De forma más leve puede dar dolor de cabeza y visualización de halos de colores alrededor de las luces.

Los exámenes necesarios para confirmar el glaucoma son de dos tipos: estudios funcionales y estudios estructurales. Los estudios funcionales sirven para saber si se ha afectado la función visual, y el prototipo se llama campimetría o campo visual. Los estudios estructurales sirven para saber si se ha dañado el nervio óptico, y son estudios de imagen que cuantifican de forma objetiva el daño al tejido nervioso. Los más popularizados son la oftalmoscopía con láser confocal del nervio óptico (HRT) y la tomografía de coherencia óptica (OCT) de la capa de fibras nerviosas.

Una vez que se realiza el diagnóstico de glaucoma, es importante el control de la presión intraocular con tratamiento médico. Es una enfermedad que no se cura, pertenece al grupo de enfermedades que se denominan crónico degenerativas, y por lo tanto requiere un control por el médico especialista de forma permanente. El tratamiento inicial consiste en gotas que bajan la presión intraocular; si con éstas se logra la presión meta ideal, no es necesario realizar ningún procedimiento quirúrgico. También existe tratamiento con láser para mejorar la circulación del líquido del ojo. La indicación de cirugía es para los casos que no se logra controlar la presión con tratamiento máximo hipotensor.

El control de la enfermedad debe realizarse con estudios y revisiones periódicas de la presión intraocular, si esto se lleva a cabo de manera adecuada disminuye el riesgo de perdida de la visión.

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